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Informe de asequibilidad eléctrica en Argentina

El peso de una tarifa eléctrica en un hogar argentino difiere según dónde se vive. Así surge de un análisis de «asequibilidad eléctrica» del Observatorio de Tarifa Eléctrica Argentina (OTEA) del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS) UNS CONICET y Departamento de Economía de la UNS. ¿Cómo se llega a esa conclusión? Analizando cuadros tarifarios vigentes, consumos promedio residenciales por distribuidora y salarios promedio provinciales de trabajadores registrados. Una tarifa elevada no necesariamente implica un mayor esfuerzo económico relativo para los usuarios, así como una tarifa moderada puede representar una carga significativa en provincias con menores niveles salariales o mayores requerimientos de consumo. El estudio, realizado por las investigadoras y docentes María María Ibáñez Martín y Milena Poggiese busca evaluar el verdadero impacto de las tarifas sobre los hogares argentinos. ¿Cuánto pesa la factura de luz en cada provincia? Provincias frecuentemente señaladas como de tarifas elevadas, como Neuquén, Río Negro o Santa Cruz, tienen simultáneamente algunos de los salarios promedio más altos del país. Otras jurisdicciones con precios del kWh relativamente menores exhiben, en cambio, salarios considerablemente más bajos. El informe construye un ranking de asequibilidad eléctrica para las principales distribuidoras residenciales del país. El indicador permite aproximar el esfuerzo económico real que representa pagar la luz en cada jurisdicción. Los resultados muestran que las conclusiones sobre qué provincias tienen tarifas «caras» o «baratas» cambian significativamente cuando el análisis incorpora ingresos y patrones de consumo. También incide fuertemente cuánto se consume. Los promedios mensuales oscilan entre valores cercanos a 170 kWh y otros superiores a 500 kWh, una dispersión que responde en gran medida a climas extremos y a la electrificación de distintos usos energéticos. En esos casos, el peso final de la factura crece aunque el precio del kWh no sea el más alto del país. Las regiones con mejor y peor asequibilidad El AMBA aparece como la región con mejores indicadores: la combinación de monómicos significativamente menores y salarios relativamente altos ubica el peso promedio de la factura eléctrica cerca del 1,4% al 1,5% del salario provincial, muy por debajo del promedio nacional. Patagonia y Comahue ofrecen un hallazgo relevante para el debate tarifario. A pesar de registrar precios del kWh relativamente elevados en varias distribuidoras, ambas regiones mantienen niveles de asequibilidad favorables gracias a sus mayores salarios promedio. Es el ejemplo más claro de por qué la discusión sobre tarifas no puede reducirse al precio del kWh. En el extremo opuesto, Cuyo, NOA y parte del Litoral concentran las mayores dificultades. En estas regiones coinciden salarios más bajos, consumos elevados y estructuras tarifarias relativamente más exigentes. Catamarca, Misiones, Corrientes y algunas distribuidoras de Mendoza exhiben los peores indicadores del ranking: en algunos casos, la factura eléctrica supera el 6% e incluso el 7% del salario promedio provincial. Las distribuidoras de mayor densidad de usuarios presentan, en promedio, mejores niveles de asequibilidad: destinan menos del 2% del salario provincial a la factura eléctrica, frente a más del 3,2% en las de menor densidad. Una dimensión que falta en el debate El informe muestra la fuerte heterogeneidad territorial en el sistema eléctrico argentino y refuerza la necesidad de avanzar hacia esquemas tarifarios y de subsidios que contemplen esta variable, la capacidad de pago y los patrones de consumo como condiciones para una mayor equidad y sostenibilidad. Los datos tarifarios corresponden a los cuadros residenciales vigentes a diciembre de 2025, relevados y sistematizados por el equipo de OTEA a partir de información publicada por las distribuidoras eléctricas y entes reguladores provinciales. Informe completo: La trampa de comparar tarifas sin contexto: salarios y asequibilidad eléctrica en Argentina (OTEA)

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Combinación de políticas tarifarias de gas natural y electricidad

Un estudio sobre combinación de políticas tarifarias de gas natural y electricidad señala que en particular la Ley de Zona Fría, lejos de garantizar equidad, favorece a los hogares de mayores ingresos en términos absolutos. Esto quiere decir que los hogares de mayores ingresos obtienen una porción mayor del subsidio que los hogares de menores ingresos. El estudio, realizado por la Lic. Milena Poggiese, Dra. María Ibáñez Martín y Dra. Cintia Martínez, del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS) UNS-CONICET, utiliza un análisis de incidencia de beneficios (BIA) para evaluar el impacto distributivo de la Ley de Zona Fría y la segmentación tarifaria implementada en la pospandemia en 2022. En términos de política fiscal y económica, los resultados indican que la combinación de subsidios no está exenta de costos. Cuando las políticas fiscales persiguen múltiples objetivos, su efecto distributivo puede diferir.  

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Incidencia distributiva de la actual segmentación de tarifas

Si bien la actual segmentación de tarifas energéticas en Argentina tiene un comportamiento “pro-pobres” y progresivo, su implementación aún sostiene deficiencias arrastradas de las últimas dos décadas en las que no ha habido cambios favorables en la distribución del ingreso. Miembros del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS) UNS – CONICET y Departamento de Economía UNS realizaron un ejercicio de microsimulación para estudiar la incidencia distributiva de la segmentación de tarifas vigente (Decreto 332/2022: separación en 3 usuarios residenciales por poder adquisitivo) y señalaron que la normativa tiene definiciones ambiguas e información pública que puede conducir a asignaciones incorrectas. Argentina tiene una historia de deterioro en las tarifas que ha impactado negativamente sobre las cuentas públicas y ha mostrado resultados distributivos contrarios a los buscados: lo que se pensó como estrategia para beneficiar a los pobres terminó siendo “pro-ricos”. Pobreza energética: la política de subsidios actual no alivia la situación, en gran parte debido a las características edilicias y de equipamiento en los hogares de menores recursos. El problema no está en el precio (que sigue siendo determinante), sino en las grandes cantidades que se consumen en esos hogares. Por otro lado, la Ley de zona fría, que bonica el 30% del consumo de gas en áreas amparadas, acaba financiada por usuarios de otras áreas a través de un recargo adicional que abarca tanto a los usuarios de alto poder adquisitivo como a los de los deciles más bajos. El estudio, denominado “Segmentación de tarifas energéticas e incidencia distributiva en Argentina. Su vinculación con la pobreza energética”, fue elaborado por la becaria doctoral Milena Poggiese y las investigadoras y docentes María María Ibáñez Martín y Cintia Martínez. El trabajo completo, ACÁ.

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